Basuras, enseres diversos, aves y tortugas, pero sobre todo libros. Esto encontraron los servicios de limpieza del Ayuntamiento de Valencia cuando desalojaron a un vecino de la calle Reina Doña Germana. Este hombre de 50 años, abogado, sólo ha tenido una obsesión durante estos últimos años; almacenar en su piso de Valencia toda clase de libros. Fuentes policiales informaron que en la casa había más de 5.000 ejemplares.

En este caso la frase célebre de: “El saber no ocupa lugar”, queda en entredicho, ya que los vecinos han presentado quejas al Ayuntamiento porque el techo de su vivienda tiene grietas como consecuencia, supuestamente, del peso de las obras que guarda su vecino.

Joaquín S. P., inquilino del piso, se mostró molesto con el desalojo, ya que considera esta medida desproporcionada y amenazó a los agentes con emprender acciones legales contra ellos. No obstante, los agentes municipales cumpliendo órdenes del Ayuntamiento y teniendo en cuenta el informe de los técnicos facilitaron que los operarios de Secopsa comenzaran a limpiar la casa.
Además de gran cantidad de libros, el hombre desalojado, tenía en la casa diversas aves y dos tortugas. Estos animales también le fueron retirados, según apuntaron las mismas fuentes.

Un hotel madrileño, en fase de restauración, fue el escenario de una curiosa experiencia. Ocho personas, muy estresadas, se dedicaron a arrasar las 21 habitaciones de un hotel de la cadena NH que se encuentra en obras por remodelación.

Los responsables de la cadena hotelera han elegido ésta, como forma publicitaria inusual.

Para la labor, se convocó una selección de gente estresada o con altos índices de ansiedad, a cuya fase final llegaron doce personas, que tuvieron que enfrentarse a tres pruebas finales: un pulso entre ellos, un cuestionario medidor del grado de ansiedad y una prueba de boxeo contra un profesional de este deporte vestidos de ejecutivos.

Los ocho finalistas, maza en mano, se enfrentaron a las 21 habitaciones, destrozando todo lo que encontraban a su paso, arrasando paredes, cuadros, mobiliario, televisores, etc.

Una idea bastante rara, que, esperemos, no sea imitada.

Una de las consecuencias del calentamiento global, el aumento del nivel del mar, pone en peligro a las islas Maldivas, un archipiélago ubicado en el océano Índico que podría desaparecer bajo las aguas.

Y esta amenaza es tan real que Mohamed Nasheed, el presidente de las islas que asumió ayer, anunció de inmediato que una de sus prioridades será mudar a todo el país.

“Nada podemos hacer nosotros para detener el cambio climático, así que debemos comprar tierras en otro lugar”, afirmó Nasheed, un ex preso político que ganó las primeras elecciones presidenciales democráticas en las islas.

Las Maldivas, un paraíso turístico con playas de arena blanca y aguas transparentes, forman un archipiélago de 1192 islas pequeñas. Sólo 203 están habitadas. Casi el 80% de las tierras del archipiélago se encuentra a menos de un metro por encima del nivel del mar, publica el diario La Nación de Argentina.

La capital de las Maldivas, Malé, está rodeada por un muro de tres metros de altura.

El 26 de diciembre de 2004, las islas fueron devastadas por el fatídico tsunami, que dejó más de 220.000 muertos en la región. Casi todo el archipiélago quedó inundado, y por lo menos 75 personas murieron, entre ellos seis extranjeros. La infraestructura del país se destruyó por completo en 13 islas habitadas y 29 de las islas turísticas.

“No nos queremos marchar de las Maldivas, (son 350.000 habitantes) pero tampoco queremos ser unos refugiados climáticos instalados en tiendas durante decenas de años “, agregó el presidente, quien dijo que va a empezar a separar parte de las ganancias generadas por el turismo -que superan los 1000 millones de dólares anuales-, para enfrentar el peligro real de que el país desaparezca del mapa.

El presidente detalló que la India y Sri Lanka serían las primeras opciones, debido a que tienen climas y culturas similares a los del archipiélago. Sin embargo, no se descarta Australia.

En las crisis, los japoneses suelen dar una lección de solidaridad. Este es un ejemplo.

El presidente de una fábrica japonesa de semiconductores trabajará gratis, en un gesto simbólico para ayudar a la empresa a superar sus problemas financieros por la caída de la demanda mundial, anunció en un comunicado el grupo.

Yakio Sakamoto, presidente de Elpida Memory, no cobrará su salario de noviembre ni el de diciembre. Y hasta que la firma no vuelva a dar beneficios, cobrará solamente la mitad. La intención de Sakamoto, dijo su vocera, es “mostrar a los accionistas su vocación por enderezar la empresa”.

No se trata de una noticia insólita ni graciosa. Da una mezcla de verguenza por lo que ocurre y esperanza por lo que hace la generación nueva.

Decenas de chicos de la secuela secundaria 614 de Pago Alegre, Corrientes, estudian a la intemperie. La escuela está situada a apenas 160 km de la Casa de Gobierno de esa provincia.

Los que no están bajo el sol, estudian bajo los árboles o en aulas prestadas por otras instituciones. Por eso, los 76 alumnos de esta escuela decidieron proponer a sus maestros y padres vender comidas típicas en las fiestas provinciales para obtener fondos yy construir aulas para estudiar.

Se trata de una escuela de alternancia. Los chicos pasan 15 días como internos y 15 días en sus hogares. El cupo se divide por edades.

Los 76 alumnos tienen dos habitaciones (divididas por sexo) para dormir, comer, vestirse y tres aulas.

Los maestros, por supuesto, trabajan ad-honorem.

Cualquier discurso político sobre defensa de la educación se vacía completamente de contenido al pasar por Pago Alegre.

Seis policías sufrieron un insólito accidente en Buenos Aires, cuando estaban en un camión de la Guardia de Infantería de la Policía Federal Argentina, estacionado frente a su Sede Central, y listos para hacer un procedimiento: los chocó un auto vacío.

El vehículo estaba estacionado en un garage ubicado frente al cuartel, y por causas desconocidas se deslizó, cruzó la calle e impactó de lleno contra el camión.

Los guardias que sufrieron politraumatismos debieron ser trasladados al Hospital Central de Policía de Buenos Aires “Churruca”.

Uno de los más antiguos restaurantes italianos de Nueva York es el John’s, ubicado en la calle 12. El 25 de octubre pasado festejó sus 100 años cobrando precios idénticos a los de 1908, en un almuerzo conmemorativo.

Los clientes pudieron disfrutar de sus spaghettis con mariscos por U$s 0,50 (cuando normalmente cuestan U$s 10,95), pollo cacciatore por U$s 0,75 (U$s 15,95) o copa de cabaret U$s 0,50 en vez de los U$s 6,50 actuales.

El almuerzo promedio costó poco más de U$s 1 entre las 11 y las 16 horas.

Inaugurado hace 100 años por John Pucciatti, inmigrante italiano, John’s tiene nuevos propietarios, ubicación y precio, pero mantiene la tradición de no aceptar tarjeta de crédito.