En casi todos los trabajos surgen problemas técnicos que a veces son más que dificil de resolver. Esto también ocurrió en una funeraria norteamericana llamada Cave, que se encontró con un “cliente” llamado James Hines, que tenía más altura que la común, que mide más de dos metros, y no ingresaba tal como era acostumbrado en el cajón medio alto que era utilizado.

Pero la idea de recortar las piernas del hombre fue descubierto ya que uno de los empleados de la funeraria decidió contar todo a la familia y llevar a la justicia el caso. La jueza Deborah Durden decidió revocar la licencia de la compañía y a su dueño.